Mejor lo hago yo

Mejor lo hago yo

De pequeño, cuando empezaron a aparecer las cajas registradoras en los supermercados, mi madre me mandaba sumar el ticket. No en voz alta, no de forma llamativa. Discretamente, cuando llegábamos a casa, sacaba el papel, me lo ponía delante y me decía: compruébalo.

No era desconfianza irracional. Era sentido común en un momento en que nadie sabía todavía si aquellas máquinas fallaban o no. Mi madre no rechazaba la tecnología. La auditaba. Hasta que tuvo razones suficientes para confiar en ella. Y entonces dejó de mandarme sumar tickets.

Me acordé de esto hace unos días cuando le mandé a un amigo un vídeo. Era sobre cómo usar inteligencia artificial en finanzas. Se lo mandé porque él es, precisamente, especialista en finanzas. Lleva décadas en ello. Es de los que saben leer un balance como otros leen el periódico.

Su respuesta llegó en pocos minutos. Breve. Con un emoji. Con un «muchas gracias» al final que sonaba genuino. Y en el medio, una frase que desde entonces no me he podido quitar de la cabeza:

«Lo probaré. Pero en algunas cosas lo hago yo antes que la IA.»

Me quedé mirando esa frase un buen rato.

No por lo que decía. Sino por cómo lo decía.

«Antes». Esa es la palabra.

En el contexto de la frase, «antes» no significa «en primer lugar». Significa «más rápido». Lo hago yo antes que la IA. Yo termino antes. Yo soy más rápido.

Y ahí está la trampa.

Porque mi amigo no usa IA. Apenas la ha usado. Entonces, ¿cómo sabe que tardaría más con ella? ¿De dónde viene esa certeza? No de la experiencia, porque no la tiene en su uso. Viene de algún otro sitio. De una intuición, quizás. De lo que ha leído o escuchado. De la imagen mental que se ha formado de cómo funciona esto sin haberlo probado nunca.

Y aquí es donde la anécdota de mi madre se vuelve relevante. Porque mi madre no decía «las cajas registradoras se equivocan» sin haberlas comprobado. Las comprobaba. Buscaba datos. Su desconfianza era activa, no declarativa. La de mi amigo, con todo el cariño del mundo, es lo contrario: es una conclusión sin experimento.

En finanzas, eso tiene un nombre. Se llama sesgo de confirmación. La tendencia a buscar y favorecer la información que confirma lo que ya creemos, mientras ignoramos o devaluamos la que lo contradice. Y es exactamente el tipo de error que un buen analista financiero sabe identificar en los demás… y a veces no ve en sí mismo.

La paradoja del experto

Hay algo curioso que ocurre con los expertos y las herramientas nuevas. Cuanto más sabes de un campo, más fácil es construir argumentos convincentes para no cambiar cómo lo haces. No porque seas más resistente al cambio que los demás, sino porque tienes más vocabulario para justificar la resistencia. Más matices. Más casos particulares. Más razones aparentemente sólidas.

El novato dice «no sé si esto funciona». El experto dice «en mi campo esto no puede funcionar porque…» Y la diferencia es que el argumento del experto suena mucho más razonable. Incluso cuando parte exactamente del mismo punto de partida: no haberlo probado.

No es algo que me invente yo. Philip Tetlock, en su famoso estudio de dos décadas sobre expertos en política, descubrió que los expertos más dogmáticos, los que él llamó «erizos», eran sistemáticamente menos precisos en sus predicciones que los más abiertos a múltiples hipótesis. No porque supieran menos. Sino precisamente porque creían saber más.

Y esto no ocurre solo en política. Ocurre en finanzas. Ocurre en programación. Ocurre en cualquier campo donde alguien ha invertido años en construir una identidad profesional alrededor de saber hacer algo difícil.

El senior que hace trabajo de junior

Hay una imagen que me viene a la cabeza cuando pienso en todo esto. La del senior que, en lugar de enseñarle al junior cómo hacer algo, prefiere hacerlo él mismo. Porque es más rápido. Porque lo hace mejor. Porque explicarlo lleva tiempo y él no tiene tiempo.

El problema no es que lo haga bien. El problema es lo que está haciendo mientras lo hace: trabajo de junior. Y mientras está ocupado haciendo trabajo de junior, nadie está haciendo el trabajo de senior. Nadie está pensando en la estrategia. Nadie está construyendo el conocimiento del equipo. Nadie está mirando el horizonte. Porque el senior está mirando la tarea inmediata, convencido de que es más eficiente así.

Con la IA pasa exactamente lo mismo. Cuando un especialista con décadas de experiencia decide no explorar la herramienta porque cree que él es más rápido, está tomando la misma decisión que ese senior. Está eligiendo hacer él la tarea en lugar de aprender a delegarla bien. Y el coste no es solo de tiempo. Es de visión. Es de todo lo que podría estar pensando, construyendo y decidiendo mientras la IA se ocupa de lo que la IA puede ocuparse.

Precisamente, según el Barómetro Global de IA en el Empleo 2024 de PwC, los analistas financieros figuran entre las ocupaciones más expuestas a la IA, con aumentos de productividad de hasta 4,8 veces en las áreas que ya la han adoptado. No es una amenaza futura. Es una realidad presente. Y los que llevan más tiempo en el sector son, paradójicamente, los que más tienen que ganar… y los que más resistencia pueden encontrar en sí mismos.

Lo que mi madre sabía que mi amigo todavía no sabe

Mi madre dejó de mandarme sumar tickets. No porque se rindiera. Sino porque acumuló suficiente evidencia para confiar. Pasó por el proceso. Comprobó. Aprendió. Y entonces actualizó su comportamiento.

Eso es exactamente lo que le falta a la frase de mi amigo. No la apertura, que está ahí: «lo probaré» dice al principio, con genuina buena fe. Lo que le falta es el experimento previo que daría fundamento a ese «antes». Porque sin haberlo probado, «lo hago yo antes que la IA» no es una conclusión. Es una hipótesis. Y las hipótesis, en finanzas y en todo lo demás, necesitan ser contrastadas antes de convertirse en política de empresa… o en política personal.

Lo analicé desde otro ángulo en Pensamiento crítico vs. Prompts perfectos: el pensamiento crítico no es solo para evaluar herramientas externas. Es también, y sobre todo, para evaluarnos a nosotros mismos cuando nos acercamos a algo nuevo.

Y el Foro Económico Mundial, en su análisis sobre IA y finanzas, lo deja bastante claro: los CFOs más avanzados no están debatiendo si usar IA. Están midiendo su impacto con métricas concretas, aprendiendo con proyectos piloto, y ajustando según los resultados. Es decir, están haciendo exactamente lo que hacía mi madre con los tickets. Probar primero. Concluir después.

Una última cosa

El «muchas gracias» al final del mensaje de mi amigo me parece igual de importante que la frase en sí. Porque no había en ellos distancia ni superioridad. Había apertura. Había curiosidad. Había la actitud de alguien que sabe, en algún lugar, que la frase que acaba de escribir merece ser puesta a prueba.

Y cuando lo pruebe, cuando haga el experimento de verdad y tenga datos reales, me va a escribir otro mensaje. Sin el «antes» esta vez. O quizás con él, pero fundamentado. Y eso es completamente diferente.

Hay una diferencia enorme entre «yo no uso IA» —que ya analicé en Respuesta al comentario: «Yo no uso IA»— y «probaré, pero en algunas cosas lo hago yo antes».

La primera es una puerta cerrada. La segunda es una puerta entreabierta.

Y las puertas entreabiertas, con tiempo, datos y un poco de curiosidad honesta, acaban abriéndose del todo.

Como los tickets de mi madre. Que al final siempre cuadraban.

InteligenciaArtificial #Productividad #TrabajoDelFuturo #Finanzas #Automatización #Aprendizaje


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *